Antes de Cristo

La vida de todo cristiano no puede quedarse impasible ante el paso, la Pascua de Cristo por sus vidas. Una vez que Cristo pasa, derramando toda su Vida sobre nosotros, todo su Amor, perdón y Misericordia, no podemos volver atrás.

Cada ser humano, al mirar cara a cara a Jesús, experimenta un salir de la tumba, un salir de la oscuridad, una resurrección, una nueva vida, iluminada por su Gracia, que permite vernos a nosotros mismos, tal cual somos, ni más ni menos, sino poco a poco, con la mirada de ese Jesús que, desde la cruz nos susurra al corazón: “-yo te perdono porque te amo, este sacrificio es por vos”.

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Así, es. Antes de Cristo, nuestra humanidad débil y limitada era camino de pecado, perdición y de muerte. Nosotros mismos habíamos traído el pecado a nuestra alma, al desobedecer al Amor. Nos alejamos de su abrazo protector al sacarlo de nuestra  vida -porque a menudo su Verdad estorba e incomoda- y colocar nuestras vidas tan pequeñas en su lugar. Él no se alejó de nosotros. Nosotros, por nuestra prepotencia, nos alejamos de Él.

Fuimos nosotros quienes, en esa libertad  mal entendida, tomamos el martillo y los clavos, para que ese Jesús Amor, dejara de molestarnos e interpelarnos. Sin temblar siquiera, y casi mirando a través de los huecos de sus manos como si no existiera, lo coronamos con las espinas de nuestros temores, desconfianzas, desobediencias y vanidades. Lo cargamos con una cruz llena de dudas y mentiras. Y lo quitamos de nuestro camino, siendo Él mismo el Camino.

Nos alejamos de su Luz, y la oscuridad invadió nuestro sendero de Emaús, y nos perdimos de Él. Nos alejamos de su fuego purificador, y el frío invadió nuestra alma, y dudando, trastabillando, tropezamos piedra tras piedra.

Nos alejamos de su Palabra verdadera, y nos dejamos engañar y creímos como verdad una vil mentira. Nos alejamos de su Vida eterna, y entró en nosotros la muerte. Tomamos muchos atajos, y nos desviamos del verdadero Camino de la cruz, que lleva a la salvación.

Pero Cristo, inquieto Hijo de Dios y fruto del Amor, asumió el llamado de su Padre, se hizo hombre, y habitó entre nosotros; y al hacerse hombre, exaltó nuestra humanidad y la elevó a su perfección. Se bajó, Él mismo, hasta donde nadie más podía bajar, y nos enseñó que el Camino de la Santidad y del Amor, siempre es en bajada, lejos de orgullos, soberbias, vanidades, libertinajes y frialdades. Nos marcó de nuevo la ruta, con su propia Sangre, y nos acercó a su Corazón que se vació totalmente de sí mismo, para llenarlo con nuestro amor. Nos dijo al corazón: “ ¡Tengo sed!”.

Hizo de nuestra débil y frágil humanidad, camino de salvación. Se bajó, haciéndose hombre (siendo Él Dios), para hacer del hombre, Dios, imagen perfecta del Padre. Y entonces hizo de cada hombre, un sagrario divino. Bajó a nuestra humanidad, para exaltar esa humanidad hasta su altura, elevándola a su ser divino. Jesús se hizo hombre, para poder caminar con la humanidad entera hacia su divinidad, divinizándonos a nosotros mismos en Él.

Nuestra desobediencia quedó tachada ante la obediencia de su Amor. Nuestra fragilidad en el pecado, quedo doblegada bajo el poder de su Amor, que venció todo pecado.

Nosotros lo sacamos de nuestra vida, y Él se hizo Vida para habitar en y con nosotros. Más aún, donó su Vida, en favor de la nuestra, y así, nuestras vidas quedaron, para siempre justificadas en su Amor.

Nosotros lo alejamos con la mentira, y Él se nos hizo Verdad única y absoluta. Nosotros tomamos el camino ancho, y Él, en su Amor, se hizo Camino de salvación y perfección.

La fe que nos legó la resumió en una sencilla palabra de 4 letras que es tan inmensa y profunda como Él mismo: Amor. Sí, el Amor se hizo respuesta. Respuesta a cada pregunta del hombre. Nos enseñó a  ser creyentes.

Creyentes no en un dios a nuestra medida, no en un dios, castigador, o un dios que nos limita y esclaviza. Tampoco en un dios excluyente u olvidadizo de las necesidades de sus hijos. Menos aún en un dios inmisericorde o abusador.

Jesús nos mostró un Dios con corazón de carne, un Dios enamorado de sus hijos, un Dios misericordioso que sólo sabe perdonar, un Dios desnudo que se muestra sencillo, sin máscaras, sin apariencias falsas. Un Dios, pobre, porque lo da todo, y nada se deja.

Un Dios libre desde una libertad perfecta, basada en la donación a los demás y el deseo de un mundo más igualitario, justo y lleno de Amor. Un Dios que se pone de rodillas y sirve a los demás. Un Dios que no teme ensuciarse de pecado, porque su Amor lo sobrepasa. Un Dios para todos, y no sólo de unos cuántos. Un Dios que nos dijo: “-cualquiera puede ser santo, porque todos son mis hijos”.

El camino que se recorrió para esto traza una línea perfecta de salvación. Al primer hombre lo venció el miedo desde su pequeñez y limitación. Y Cristo hombre cambió el miedo por Amor, la pequeñez por servicio y la limitación por eternidad.

Una mujer desobedeció a Dios por vanidad; otra Mujer, por la obediencia que da un Amor humilde, nos abrió la puerta a la Misericordia del Señor. Y a diferencia de aquél fruto, Cristo se hizo fruto liberador en el árbol de la cruz. No nos dijo qué hacer, primero lo hizo Él mismo: amó hasta el extremo.

Nuestra humanidad dejó de ser camino de perdición, cuando Cristo hombre se hizo Camino de santificación. Es el Amor quien lo hizo posible. Es el Amor quien perdonó. El Amor venció al mal. Es el Amor quien reveló la mentira, y rehizo el Camino y nos engendró a la Vida eterna.

El Amor que nos trajo la alegría del vino nuevo cuando todo parecía perdido. El Amor que nos dio la esperanza de una pesca milagrosa, cuando parecía que habíamos sido derrotados. El Amor que hace posibles grandes cosas con sólo 5 panes y dos peces. El Amor que pone la otra mejilla, el Amor que carga la cruz hasta el final ya sin fuerzas. El Amor que es capaz de darlo todo a todos.

Ese Amor hecho hombre, quien  nos llamó a la divinidad desde nuestra humanidad y nos invitó a la fortaleza desde nuestra debilidad y a la sabiduría desde nuestra ignorancia.

Solamente el Amor fue capaz de transformar lo intransformable, y reescribir nuestra historia. Sólo el Amor cambió lo imposible en posible, e hizo posible en nosotros la perfección de su Imagen y Semejanza.

Es ahí, en nuestra pequeñez, donde Cristo se hace grande. En la pequeñez del ser humano, Él traza un Camino a seguir hacia la grandeza de su Amor, un modo de vivir ese Amor, un estilo de vida real y coherente, que sólo puede lograrse desde su mirada.

Mirada que nos mira con locura apasionada. La mirada de Cristo que nos hace ver, vivir y sentir su paz. Que hace posible creer y saber que somos amados, a pesar de ser pecadores.

Es ahí, en nuestra insignificancia, que Cristo le da significado a nuestras vidas. Ahí, justo donde fuimos amados primero, fuimos también salvados, para que, como hombres limitados, llegáramos a ser imagen perfecta y divina del Amor.

Esto, mis amados amigos, es el milagro del Amor que se gestó en la cruz, y nos trajo la Vida eterna.

Acerca de chrismadriz

Cuando miro hacia atrás y veo la estela de experiencias que me ha dejado esta vida, y me veo hoy frente al espejo, con ese brillo extraño en los ojos que no viene de mí, sino del Amor que Dios me tiene... tiemblo, de saber que a pesar de mis heridas y caídas, Dios me amó primero... Soy solamente un simple secretario, un corazón que ama y siente, unas manos que se mueven según la voluntad de Dios... sin Él, no habría nada de mí...
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2 respuestas a Antes de Cristo

  1. Renzo Roberto Viacava Bruzzone dijo:

    Señor mío y Dios mío un día llegaste a mi penetraste,habitaste, triunfaste y hoy vives en mi, JAMÁS TE DEJARE, JAMÁS ME OLVIDARE DE TI Y DE TODO ESE AMOR PURO QUE MINUTO A MINUTO ME ENTREGAS SIN NADA A CAMBIO TE AMO SEÑOR MÍO HOY Y SIEMPRE A M E N.

    • chrismadriz dijo:

      Renzo, que Dios lo bendiga en su Camino espiritual siempre, ore por mí, yo oro por ud, y pidamos a san José, hombre casto y justo, que nos enamore cada vez más de Jesús y de María…

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