No hay Amor más grande…

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¿Cuántas veces nos hemos sentido indignos del llamado que Dios nos hace? ¿Cuántas veces hemos puesto mil excusas ante ese Dios de Amor que nos dice “¡Sígueme!”? Huimos al compromiso con Él, porque sabemos que seguirle, es enamorarse para siempre de su Llamado, de su invitación amorosa, del Camino que nos propone, de la Verdad que nos revela, de la Vida que nos obsequia.

Seguirle es todo menos comodidad. Todo, menos pasividad o aburrimiento. Seguirle es cambiar nuestros planes, abandonar nuestro propio control de este don de la vida que Él, por Amor, nos regaló alguna vez. Seguir a Cristo es perdernos a nosotros mismos, para encontrarnos en Él.

No hay nada que temer, y sí, mucho que agradecer, pues descubrís que Jesús te llama porque te ama.

Él clava tus brazos a su cruz, para que, levantados, podás bendecir a tus hermanos, abrazarlos y darles fuerza. Él corona de espinas tu cabeza, para que tus pensamientos no se desvíen de los suyos, para que tu único pensamiento sea el de servir a tus hermanos más pequeños, por Amor. Él ha dado vinagre a tus labios, para que de tu boca solamente broten bendiciones, sonrisas, palabras de fe y esperanza. Él ha traspasado tu corazón, para hacerlo uno con el Suyo, para que brote la fuerza de su Amor en vos. Él te ha desnudado totalmente de tus seguridades, de tus miedos, de tus vanidades, para que solamente te abandonés a Él, y podás entregarle lo más valioso que tenés: tu vida entera, tu corazón.

Dios no busca santos con aureola. Te busca a vos, tal cual, sin máscaras, auténtico… A vos que le buscás cada día, no porque sos muy bueno, sino porque tenés mucha necesidad de su Amor. Te busca a vos, que se reconoce limitado y pecador, pero sediento de Él. A vos, que, como su Hijo, clama en la cruz: “¡Tengo sed!”. Sed de su paz, de su compañía, de su fuerza. A vos, que tantas veces te has sentido abandonado de todos… y volvés tu mirada a Aquél hombre clavado en una cruz, con los brazos abiertos.

No. No depende de vos. No es necesario cumplir ciertos requisitos o tener un currículum. Basta con que le reconozcás Padre y te dejés amar. Basta un corazón vacío que busca ser llenado. Basta un corazón arrodillado, humilde, unas manos elevadas en posición de súplica, una frente sudorosa tocando el piso de tierra, unas rodillas dobladas bajo el peso de su propia pequeñez. Basta bajar para llegar al Corazón de Cristo… O mejor aún, para que Él llegue a cada uno de nosotros.

¿Que no sos digno? ¿Que sos un pecador? ¿Que vos sabés lo que sos? Y Dios, mirando tiernamente a los ojos te responde: “No son ustedes los que me eligieron a mí, sino Yo el que los elegí a ustedes, y los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero. Así todo lo que pidan al Padre en mi Nombre, Él se lo concederá.” – Jn 15, 16

Dios sólo te pide una cosa, como una vez lo exclamara san Agustín de Hipona: “¡Amá y hacé lo que querás!”. Amor, Cristo tiene sed de tu Amor. Amá, misionero. Amá el llamado que el Padre te hace hoy. Y no temás. Quitá tu miedo, y poné, en su lugar, Su Amor. Porque “no hay amor más grande que dar la vida por los amigos” (Jn 15, 13).

No temás, que si Dios te llamó, ¿puede acaso equivocarse su Amor? No creás que no sos capaz lo que te pide, ¿acaso no ha puesto, en vos, primero la fuerza de su Amor? Ese Amor capaz de trascender, de cerrar los ojos y lanzarse al abismo de la fe, insondable misterio de su Amor por vos, por mí.

Amá. Que cuando se ama con un gran Amor, no hay ningún sacrificio capaz de doblegar tu corazón, henchido de ese fuego abrasador que te consume, que ninguna tormenta es capaz de apagar, ningún sol es capaz de secar… Amor a prueba de todo. Amor clavado al mismo Corazón santo de Cristo.

Amor que brota de la cruz. No hay misionero de Cristo, sin la cruz. La cruz es el Camino hacia el Amor perfecto. La cruz es inseparable de la misión que Dios te pide. Un Amor que no se crucifica, es un Amor que no da frutos. El camino de la misión es la cruz. Abrazála, porque en ella, está Cristo desnudo. Cubrí su desnudez con tu Amor. Saciá su sed con tu amor. Acompañá su soledad, con tu Amor.

Amor que te baja. Que te hace Camino hacia Jesús para tus hermanos; que te hace pequeño, pero nunca insignificante, pues el significado de tu vida se define en una palabra que lo dice todo: Jesús. Amor que te acerca a lavar los pies cansados, levantar a los caídos, sanar a los enfermos, dar de comer a los hambrientos, vestir a los desnudos, visitar a los cautivos, liberar a los esclavos, amarlos a todos. A todos, porque en todos descubrís el rostro crucificado de Cristo.

Cuando un pobre hombre vuelva sus ojos solitarios hacia vos, cuando una mujer llena de arrugas te empape con sus lágrimas de dolor, cuando un niño hambriento corra esperanzado a tu lado… Vos, misionero, que has buscado tanto a Cristo, le podrás descubrir en cada uno de ellos, y tu Amor limitado no encontrará barreras para darse, en esos corazones deseosos de saberse amados.

No. Seguir a Jesucristo no es cómodo. ¿Quién puede estar cómodo, cuando se está clavado a una cruz? Pero es en la cruz de donde brota la Vida eterna, la salvación, la esperanza. La cruz es signo de contradicción para este mundo hedonista y superficial. Sé vos mismo signo de Amor contra el odio, de paz contra la guerra, de alegría contra la amargura, de esperanza contra el desaliento. De valor contra el miedo.

No, no hay nada que temer, y todo para amar. El Amor será la respuesta. Justo ahí entenderás por qué Él te eligió a vos… Porque Él te amó primero (I Jn 4, 19).

Acerca de chrismadriz

Cuando miro hacia atrás y veo la estela de experiencias que me ha dejado esta vida, y me veo hoy frente al espejo, con ese brillo extraño en los ojos que no viene de mí, sino del Amor que Dios me tiene... tiemblo, de saber que a pesar de mis heridas y caídas, Dios me amó primero... Soy solamente un simple secretario, un corazón que ama y siente, unas manos que se mueven según la voluntad de Dios... sin Él, no habría nada de mí...
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2 respuestas a No hay Amor más grande…

  1. Felicidades Christian, hermosa reflexión, solo que el seguimiento es menos poesía y si más generosidad como respuesta a Aquel que nos amó primero. Sigue con ese corazón comboniano.

    • chrismadriz dijo:

      Gracias padre…. Sigo enamoradísimo de la misión, del carisma de nuestro santo fundador y sobre todo de Cristo y su Iglesia. Ya iniciamos esta aventura como laicos acá en CR. Ore por esta comunidad, pequeña en número, pero grande en Amor, en pasión, en entrega. Cuesta esperar y someterse a obediencia, para no apresurarse en la Voluntad de Dios que te pide paciencia, pero vale la pena… Algún día, estaré en tierras de misión, haciendo lo que Dios me pidió hace mucho… Dios lo bendiga padre, un fuerte abrazo…

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