¿Dónde está Dios?

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En un mundo que nos ofrece fama, dinero, poder y placer. En un mundo donde lo más fácil es lo más cómodo; donde lo que hace más bulla es lo más llamativo. Donde la paz se consigue por medios erróneos y superficiales.

Donde el hombre se hace como un dios pagano, centro individual y egoísta de su propia existencia. Ser egocéntrico que no puede ver más allá de su propio ombligo. Donde el problema de mi hermano no es mi problema. Donde valorás a los demás en cuánto a lo que tienen. Donde valés en la medida que producís. Donde nos exigen a tomar partido por un color, un equipo, una ideología política, más allá de nuestros valores y creencias.

En este mundo donde lo importante es tener fama, riqueza, mujeres, o un nombre de peso. Donde lo que importa y te da valor es como te ves, cómo te vestís, cuántos títulos coleccionás. Lo que tenés y no quién sos.

Donde se elige a menudo el camino ancho y se deja de lado el camino de la cruz… En este mundo, que con cada tragedia, desastre o injusticia grita sin pensar: ¿dónde está Dios?

Hoy es hora de levantarnos, ¡cristianos! Y hacerlo presente. Dios está en vos, en mí, en nosotros. Hacemos real a Cristo cuando vivimos el Amor. Cuando decidimos, como decía san Juan Bosco, hacer del Evangelio de Cristo, nuestra única política.

Respondemos a la pregunta de “¿dónde está Dios?” en la medida que morimos a nosotros mismos y hacemos a Cristo Vida en nosotros. Cuando el Amor vence nuestro egoísmo. Cuando la paz vence nuestra ira, o el perdón nuestro rencor.

Cuando a los insultos respondemos con bendiciones. Cuando a las groserías devolvemos silencio. Combatimos con paz a las guerras. Cuando a la desilusión y la derrota, devolvemos esperanza. Cuando a la tristeza y temor les presentamos nuestra bandera de alegría, nuestra sonrisa.

Cuando al odio le devolvemos Amor. Y al resentimiento donamos perdón. Cuando aplastamos al pecado con la Gracia; cuando secamos las lágrimas con besos, las soledades con abrazos, los gritos y blasfemias con “te amos”.

Vale la pena este Camino, porque tenemos la certeza que es el único, el Camino correcto, pues fue Jesús mismo quien lo trazó y lo hizo propio. Él mismo se nos hizo Camino de Verdad y Vida.

La superficialidad del mundo, que vive de apariencias. Sus injusticias, divisiones, esclavitudes y abusos. Su soledad, sus vacíos. Su guerra y su muerte, desesperanza y agonía… son producto de haber sacado a la Vida misma, al Amor vivo y real. ¡A Jesús de nuestras propias vidas! Y entonces ¿dónde está Dios?!!!

Justo ahí.

Ahí en tu corazón, en tu interior, en tu cielo. Tu propio paraíso, el paraíso que Dios quiere habitar: vos mismo. Te toca a vos y a mí hacer a Cristo Vida, hacerlo Verdad, hacerlo Camino. Y eso se vuelve realidad en el momento que amamos.

Cuando amamos, respondemos a la pregunta: ¿dónde está Dios? Está en mi vida diaria, está en todo lo que hago, grande o pequeño. Está en mis silencios y mis palabras. Está en mis preguntas y respuestas. Está en mi trabajo y mi descanso. En mi tiempo y en mi eternidad. En mi nada y en su Todo.

Cristo está y es vida cuando amo; cuando en todo lo que hago, digo o pienso pongo el Amor.

Nos toca a nosotros hoy responder a esa pregunta con nuestra propia existencia. Y, como san Pablo, decir sin miedo a equivocarnos: “No vivo yo, es Cristo quien vive en mí” (Gál 2, 20). Sólo cuando nos hacemos realmente Amor, hacemos Vida a Cristo en nosotros.

¿Dónde está Dios? Amá. Ahí lo encontrarás. Lo encontrarás en tu vecino que sufre, en tu madre que está enferma, en el niño que te pide algo de comer, en la hermana que necesita un abrazo, o el amigo que te apoya. En el adicto que busca salir, en el preso que desea ver el sol, en el joven que busca en la basura un trozo de pan negro.  Incluso en tu enemigo. Cuando amás, es imposible no ver a Dios.

Amá y, más pronto de lo que creés, estarás encontrando a Dios en cada momento de tu vida. Bastará mirar al espejo –amando- para saber que ahí está Dios; que en su Hijo, se hizo Él a nuestra imagen y semejanza.

Acerca de chrismadriz

Cuando miro hacia atrás y veo la estela de experiencias que me ha dejado esta vida, y me veo hoy frente al espejo, con ese brillo extraño en los ojos que no viene de mí, sino del Amor que Dios me tiene... tiemblo, de saber que a pesar de mis heridas y caídas, Dios me amó primero... Soy solamente un simple secretario, un corazón que ama y siente, unas manos que se mueven según la voluntad de Dios... sin Él, no habría nada de mí...
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