En lo secreto

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El Amor no busca el primer puesto, sino el último. No busca aplausos, se hace a un lado, para que nadie lo proclame rey. El Amor es pequeño en tamaño, y grande en fuerza y pasión.

Tampoco se manifiesta en muchos likes, en títulos u homenajes. No es cuestión de concursos o de obras materiales. El Amor hace porque primero es. Nunca se vanagloria, ni se engríe; sino que busca pasar desapercibido, aunque esto le resulta prácticamente imposible, pues su mayor manifestación es justamente su humilde y silenciosa entrega.

El Amor no se viste con ropas de marca, se queda desnudo ante el mundo en una cruz. Camina descalzo, come lo necesario, agradece todo, se hace niño, se acerca a los que están lejos, habla a los que tienen miedo, perdona a los que no se perdonan.

Viaja a pie, con la gente sencilla. Se sienta en el suelo con los que no tienen nada. Se deja tocar por los que nadie se atreve ni siquiera mirar. Y llama. Llama porque ama.

Si Cristo –el Amor mismo- estuviera hoy entre nosotros, ¿cómo sería? Probablemente no tendría fotos en el facebook, o algunos cuántos ya lo hubieran reportado y le hubieran cerrado el perfil. A lo mejor los medios pasarían hablando de la forma ridícula de hacer todo gratuitamente, investigando si no tendrá algunos negocios turbios detrás de esa mirada tan serena.

Y es que el Amor, el verdadero Amor, para el mundo de hoy, resulta incómodo.

¿Un Amor que da sin recibir nada a cambio? ¿Sin ganancias? ¿Sin cobrar intereses? ¿Sin fama? ¿Qué quiere pasar desapercibido? Este mundo no entiende de ese tipo de Amor que perdona al mismo que lo niega o rechaza. Ni de ese Amor que no tira la piedra sino que abraza. O que da de comer a quien antes se ha burlado de él.

Sí. Este tipo de Amor estorba. Estorba porque te cuestiona desde tu propia realidad. Porque hace justamente lo contrario de lo que este mundo ofrece. Porque te pide hacerte tan tan pequeño, que solamente Cristo te note. Un Amor que te inquieta, y te invita a negarte a vos mismo.

Negar tus propios deseos. Negar tus vanidades. Y te mueve a la Verdad, aunque tengás que enfrentarte a las críticas a tu espalda, al abandono de tus amigos, a la incomprensión de la sociedad. Amor que te hace pequeño, que empequeñece en vos el orgullo, la prepotencia, la vanidad, el deseo de sobresalir.

Así es el Amor de Cristo por nosotros. Un Amor que guarda silencio ante nuestras ofensas. Que no deja de actuar en nuestras vidas, que es incansable, que nos ama con locura; tanto, que siendo el más grande de todos, se hace el más pequeño de los hombres, el último, el servidor de todos, incluso hasta quedarse entre nosotros en un pequeño trozo de pan con el tamaño justo de nuestros corazones.

Un Amor que trabaja en lo secreto. Que no busca grandes resultados, porque reconoce que muchas veces sale vencedor en la derrota, en la humillación. De hecho, el Amor echa frutos cuando primero ha echado raíces sobre el terreno fértil de la cruz; trazado en dos direcciones. Dos leños que nos indican el Camino a seguir. Amor hacia Dios (vertical) y hacia nuestros hermanos (horizontal).

Amor que se clava por los demás. Que se sube a una barca hedionda a peces, que huele a oveja –decía el Papa Francisco- porque se ha hecho una de ellas. Que nos llama dulcemente por nuestro nombre para que le sigamos. Que se sienta en el suelo y juguetea en el polvo, como un niño más. Que se ensucia y no teme abrazar a su enemigo.

El Amor que sale a las calles, el de los pobres, las prostitutas, los adictos, los homosexuales. El de los niños, los ancianos. El de los que este mundo ha tirado al olvido.

Ese, justamente, el Amor que Cristo nos enseñó a vivir. El Amor que Él mismo nos invita a hacer realidad. Que no se hace mayor por estar en redes sociales, sino por doblar más rodillas y escuchar más la Voluntad de Dios. El Amor que se construye en el diálogo diario y personal con Dios, en lo secreto de nuestros corazones, para escuchar mejor su Voluntad. El Amor que calla y escucha.

El Amor que tiene la mirada puesta en Cristo. En ese Jesús con los brazos abiertos en la cruz. El Amor clavado en la cruz que nos indica el Camino más directo para llegar al Corazón del Salvador.

Que no se distrae de lo que realmente es importante, no de hacer, sino de ser. No de hablar mucho, sino de orar mucho. No de ganar ante el mundo, sino de ganar al mundo para Dios. No de ser el más grande para que me vean, sino ser el más pequeño para que sólo me vea Él.

A eso nos invita ese Jesús enamorado. A amar sin razón. A amar no para ser vistos, sino para hacer notar a aquellos que nadie ve. A ese Amor sin protagonismo, libre de las vanidades y vacíos. Amor que hace mucho y habla poco; que hace todo en silencio, con Dios como único testigo.

Más allá de fotos, más allá de reportajes de revista, más allá de un número de seguidores o de likes, el Amor de Cristo se vive desde adentro, en esa relación estrecha e íntima de quien se sabe unido para siempre a su Creador. Entre Él y vos.

Un cristiano auténtico, que ama de verdad, se hace a un lado, para que en las obras de Amor que realiza, no lo vean a él, sino a Cristo mismo. No busca el primer lugar, se hace el último. No se atreve a ser feliz solo. No sube peldaños para creerse mejor, sino para ayudar y servir de forma más perfecta. No mira hacia abajo a los demás, sino desde abajo, para aprender y amar a todos. Es el que sirve, nunca el que quiere ser servido.

El Amor en lo secreto del corazón de Cristo. Que habla sin palabras, que se muestra sin fotografías, que es Vida, real, tangible. Capaz de locuras sin sentido para este mundo. Pequeñito, humilde, como el de un niño. El Amor que nadie nota, más que Cristo; y que te hace semejante a Él. El Amor que cede el lugar al verdadero protagonista: Cristo pobre, Cristo desnudo, Cristo niño, Cristo enfermo.

El Amor santo y para siempre. El que me hace exclamar que “no vivo yo, ¡sino Él en mí!”.

El Amor que se abaja para levantarte; que se acerca para calentarte; que se calla para escucharte; que se esconde para servirte; que se manifiesta en los pequeños detalles para sorprenderte.

Que gana cuando se pierde a sí mismo en favor de los más débiles. Que vive cuando se entrega para salvar a los pecadores. Que construye cuando todo alrededor parece destruido, y se enaltece cuando se ha humillado hasta la última gota de sangre.

Amor de brazos abiertos, pies en la tierra y ojos elevados al cielo. Amor poco atractivo para este mundo, pero al fin de cuentas, Verdadero Amor. El Amor de Cristo. El de los que nos llamamos cristianos.

Acerca de chrismadriz

Cuando miro hacia atrás y veo la estela de experiencias que me ha dejado esta vida, y me veo hoy frente al espejo, con ese brillo extraño en los ojos que no viene de mí, sino del Amor que Dios me tiene... tiemblo, de saber que a pesar de mis heridas y caídas, Dios me amó primero... Soy solamente un simple secretario, un corazón que ama y siente, unas manos que se mueven según la voluntad de Dios... sin Él, no habría nada de mí...
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2 respuestas a En lo secreto

  1. GEMACO dijo:

    Esto va en perfecta sincronía con la actitud del Papa Francisco, en su acutar, en su predicación con el ejemplo y con el ejemplo de vida mucho antes de llegar a ser el Obispo de Roma, me gusta tu línea de pensamiento misma que dejas plasmada por tu forma de vivir y actuar, que Dios te bendiga.

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