Creo en el Amor

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Perdón, pero no me interesa ganar mucho dinero. Tampoco atesorar muchos títulos. Me niego a sentirme seguro por el simple hecho de tener muchas riquezas o un buen puesto. No quiero  ser un poderoso que domina. O un sabio que no es capaz de mirar hacia abajo.

No quiero ser un sabio. Ese no es mi objetivo. No fui creado para dominar a nadie, sino para servir a todos. No fui creado para el poder, sino que fui creado por Amor para el Amor. No fui creado para buscar la fama o ser notado, sino para la humildad, que pasa desapercibida. Tampoco para el placer, sino para la entrega incondicional.

Mi fuerza no es el dinero, sino mi corazón desnudo, dispuesto a donarse totalmente por Amor a los demás. Mi política no tiene color ni bandera, sino que se basa en las enseñanzas de Uno que se clavó en una cruz para perdonarnos antes que tirar la piedra. Mi política se encuentra resumida en 4 letras: A-M-O-R. Mi política no quita ni cobra, da gratuitamente. Mi política cumple lo que promete. Mi política sirve a todos, no se sirve de ninguno.

No busco conquistar territorios, sino corazones desde la libertad del Amor. No a la fuerza, sino a través de la Verdad. No por obligación, sino por medio de mi testimonio. No busco imponer reglas, sino compartir las alegrías que Dios me ha dado, cuando comprendo que Él sólo desea amarme y hacerme feliz.

No me interesa hablar muchas lenguas, pues he aprendido a hablar con hechos más que con palabras. No rechazo colores ni credos, pues mi propia creencia se resume en amar a todos sin distinción. Mi corazón está hecho a la medida justa para amar, Tiene la medida exacta para hospedar el Cuerpo y Sangre de Cristo.

Mi corazón está inquieto mientras no vea a su hermano sonreír y ser feliz. Mi corazón rechaza el egoísmo, y desea la paz para todos. Mi corazón tiende la mano, expresa una esperanza, brinda un abrazo. Mi corazón desea trabajar para la felicidad del prójimo, y nunca para su miseria. Para su paz, y nunca para su inquietud, para su libertad, más allá de su esclavitud.

Creo en el hermano, porque el Amor creyó primero en mí. Trato –a fuerza de vencerme-, día con día, darme sin medida, porque sin medida me ha amado el Señor. No odio ni desprecio, porque sé que así corro el peligro de perderme el tesoro que Dios ha puesto en el corazón de cada uno de mis hermanos.

No deseo más allá de lo que Cristo quiera darme, porque estoy consciente que, desde la Voluntad de Dios, cada uno recibe lo que necesita para vivir. Y estoy consciente que hay muchos que aún no lo comprenden, porque están distraídos u ocupados, y estoy llamado a contárselos. A compartir la riqueza de la que soy partícipe.

Tengo la certeza que Dios creó este mundo para todos, por igual, nunca para unos cuantos que desean apoderarse de sus riquezas para su propia ambición y sed de poder. Que en este mundo hay un hogar para todos, y un lugar para cada uno.  Nadie sobra. Todos somos esenciales, todos importantes, todos tenemos algo que dar, algo que enseñar. Y todos tenemos algo que aprender de cada persona. Además, en el Corazón de Cristo hay lugar para todos.

Estoy consciente que soy el último, no el primero. Y que, cuando todos asumimos nuestro papel de servicio y entrega a los demás, no tengo que preocuparme por mí mismo, pues mis hermanos lo hacen por mí. Así se construye una comunidad civilizada, humanizada, real.

Tengo claro que soy humano, y por tanto limitado. Eso no es un obstáculo para mi propio crecimiento y mi Amor, sino un reto a vencerme cada día a mí mismo, para crecer, por mi propio bien y el de los que me rodean. En la medida que amo más y crezco más, la sociedad se enriquece, el mundo se hace un lugar mejor, por hacer mi pequeña parte.

Estoy consciente que cuando construyo para los demás, construyo un mundo mejor. Mi pequeño aporte, aporta al cambio. Mi pequeño sacrificio, se traduce en un milagro de Amor para alguien, alguna persona. Alguien descubrirá que vale la pena la Vida, cuando vos vivís con entrega ese don. Cuando vos te das, alguien recibe. Es una ley natural. Y cuando alguien recibe, el mundo es mejor, porque alguien está más feliz.

Comprendo, entonces, que soy humano, limitado. Sólo Dios es perfecto. Por tanto, no puedo exigir al otro lo que yo mismo no he alcanzado. Mi limitación me debe hacer humilde y comprensivo con respecto al camino del otro. Comprendo que amo de forma limitada, y cuando comprendo las limitaciones de los demás, puedo ser más libre y feliz, y amar de forma más perfecta, pues no espero nada de nadie más allá de lo que pueden dar. Cuando espero sólo en Cristo, me dejo sorprender por los detalles que Él tiene para mí, a través de las personas que amo.

Sólo aquel que ama mucho, es capaz de entregar mucho y dar mucho. El verdadero Amor pide, a menudo, verdaderos sacrificios. Sólo en el Amor se encuentra la fuerza para ganarle al rencor, a la soberbia, a la ira. Necesito agradecer más, y quejarme menos. Dar más, y no pedir caprichos. Pedir sólo aquello que me haga mejor persona. Pedir aceptar siempre la Voluntad de Dios.

No quiero ser miembro de una red social o tener el celular de moda, quiero comunicarme mirando a los ojos a los demás, hablar tocando el corazón. No quiero rapidez, quiero eficiencia. No quiero producción masiva, sino calidad humana. No quiero conocimiento sin sentido, quiero sentimiento y humanidad.

El correo electrónico y las redes sociales nos dan nuevas puertas de comunicación, pero sólo el ser humano puede hacer un mundo más humanitario. La tecnología ha acortado las fronteras, pero nos ha alejado de nuestro hermano, nuestro amigo.

Hoy este mundo sabe mucho, pero ama poco. Tiene mucho, pero comparte poco. Mucha tecnología y ciencia, pero poca humanidad y hermandad. Se dice que el tiempo vale oro, pero siendo tan caro, lo desperdiciamos en cosas triviales. Hoy no se necesita nuevos descubrimientos, sino redescubrir la bondad y el Amor en nuestros corazones.

No se puede olvidar lo que nos hace humanos: el Amor, la amistad, la alegría, el servicio, la paz, el perdón. Me interesa redescubrir la sonrisa de un niño, el tierno abrazo de una madre, el beso cálido de una mujer, la palabra firme de un buen padre, las anécdotas de un anciano. Si quiero un cambio en este mundo, debo empezar por mí.

Sólo un corazón que se vacía de sí mismo, es capaz de llenarse de las riquezas que otros tiene que ofrecerle. Sólo un corazón vacío de sus miedos, dudas y egoísmos, puede ser llenado de esperanza, fe y sobre todo, Amor.

Sólo el hombre tiene la capacidad de amar, y la naturaleza a su alrededor le enseña a hacerlo más perfectamente. Sólo el hombre puede percibir el Amor del Creador en el mundo que creó para sus hijos. El corazón del hombre tiene la fuerza de transformar la tristeza en alegría, el llanto en risas, la soledad en oración, la avaricia en bondad, el miedo en esperanza. Sólo el corazón del hombre es capaz de albergar sueños de Amor, porque su Creador colocó su Amor en él.

Por eso, los invito a creer. No es tiempo de caer en desesperación. Aún queda una luz. Una Luz sembrada en el corazón de cada hombre. Una Luz que brilla cada vez que hacemos un pequeño acto de Amor por los demás. Una Luz que brilla cada vez que puedo negarme a mí mismo, cansarme para que otros descansen, ir más allá de mis límites, para llevar el mensaje de Amor, el trozo de Verdad que Dios me regaló al crearme.

Una Luz de Verdad, de paz, de unidad, de lucha. Una lucha que se gana en silencio más que con gritos, de rodillas más que de pie, con la paz, más que con guerras. Una lucha que sólo ganaremos unidos, como un solo Cuerpo. Una lucha que nos hace hermanos, que nos invita a hacernos un milagro para el otro.

El odio que hoy prevalece en el mundo, el hambre, la injusticia, es fruto de los corazones que tienen miedo, que no se dan el chance de creer en la bondad humana. Las guerras y la esclavitud, son fruto de corazones que nunca se han sabido amados, que han ahogado su Luz.

Hoy, más que nunca, nos toca alzar nuestros corazones. Creer. Confiar. Nos toca enseñar el Camino del Amor. A esos corazones con miedo, estamos llamados a amar. Para que abran sus ojos, para que acallen sus temores. Para que pongan atención. Toda la creación grita un “te amo” de parte de Su Creador.

Y aunque pueda morir en el intento; y aunque esta lucha por devolver a la humanidad su humanidad, me exija entregar la vida, el Amor no muere. ¡Vive!. La libertad nos fue dada. La esperanza, la alegría, la humanidad. Son valores que nos trascienden. Y sobre todo, el Amor. Por eso, te toca a vos, a mí, nos toca sembrar la semilla. Quizás no estemos para verla germinar, pero sí para cuidarla mientras estamos acá.

Fuimos creados para el Amor. Creo en el Amor. ¡Creo en la humanidad! Creo en esos corazones que no son máquinas, ¡sienten, lloran, ríen! ¡Y se atreven a amar y perdonar! Creo en esos hombres que se gastan por Amor, en esas mujeres que donan su vida por Amor, en esos niños que con su inocencia nos enseñan a amar.

Creo en ese Reino de Dios que habita en el corazón de cada ser humano. Creo en Dios. Creo en que la Iglesia es Iglesia cuando sale a las calles a proclamar y vivir una Verdad que hoy pocos se atreven a conocer. Creo en la paz que brota de un corazón enamorado. En la alegría que da servir a los demás.

Creo en el poder que Dios colocó en cada corazón. ¡Creo en vos! Vos que tenés la capacidad de construir máquinas para el bien del hombre, para esculpir obras maestras de un trozo de madera; en vos que tocás corazones con tus letras, en vos que pasás desapercibido mientras desgastás tu vida en la selva amazónica. En vos que llevás esperanza a los hospitales o consuelo a las cárceles.

Creo en que podemos construir la felicidad, en hacer de este mundo un mundo feliz y hermoso. Creo en el Amor. Sí. El Amor que hace de esta vida una aventura magnífica. Creo en que es mejor vivirla juntos, ¡nunca separados! En que es necesario hacernos uno, construir Iglesia. Creo en que juntos podemos. En que, junto a Jesús, no hay nada que no podamos lograr.

Creo en un mundo sin discriminación, donde todos los hombres somos iguales Donde todos tenemos las mismas oportunidades, donde la fuerza y la razón están al servicio del hombre y nunca para doblegarlo. Creo en el Amor. El Amor que trasciende. Que permanece más allá de nuestra mirada. Que vence nuestra iniquidad

Creo en el Amor por el que fui creado. Ese que me hace sentir la tristeza de mi hermano. Su esclavitud. El mismo Amor que me hace compartir la sonrisa franca o el triunfo de mi vecino. Creo en el Amor por el que me creó el Señor.

Creo en el poder del Amor, en la sabiduría del Amor. En la fuerza del Amor y la pequeñez del hombre. Esa pequeñez que es su propia grandeza. Creo, porque Dios creyó en mí primero, justo cuando decidí pasar desapercibido.

Acerca de chrismadriz

Cuando miro hacia atrás y veo la estela de experiencias que me ha dejado esta vida, y me veo hoy frente al espejo, con ese brillo extraño en los ojos que no viene de mí, sino del Amor que Dios me tiene... tiemblo, de saber que a pesar de mis heridas y caídas, Dios me amó primero... Soy solamente un simple secretario, un corazón que ama y siente, unas manos que se mueven según la voluntad de Dios... sin Él, no habría nada de mí...
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5 respuestas a Creo en el Amor

  1. Felicia dijo:

    Hola!!! Christian, me gusto mucho este escrito y espero que siga esa línea que se ha trazado, Dios Bendicira tu Familia y a usted, dará Bendiciones para los que buscan consuelo, usted y es hoy un eje para muchachas de esas persona que buescan ese consuelo.
    Sugue adelante con estos pensamientos.

    Felicia

  2. Evelyn Chacón dijo:

    Chris YO TAMBIÉN CREO xq ese AMOR me amó primero! Me encanta tu talento y me gustan aún más TUS HECHOS!!!

  3. Jessica Jarquín Leiva dijo:

    vos sos demasiado bombetas enserio!!!! te felicito porque me convenciste!!! jajajajajaj

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