Y vos, ¿vas a resucitar?

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La Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo es un acontecimiento que hoy, más que nunca, necesita ser anunciado, gritado a los cuatro vientos, presentado a los demás. En este largo domingo Pascual, Cristo necesita resucitar en vos, en mí, en cada uno de nosotros, los que nos hacemos llamar cristianos. Y necesita resucitar en vos, porque solamente así, otros podrán descubrir a ese Jesús que hoy, más que nunca, vive, ama y se entrega.

Solamente cuando vos te hacés Cristo, cuando amás y te das, negándote a vos mismo, Él realmente vive y se hace presente. Cristo, en la cruz, entregó su cuerpo, para que vos, fueras ese cuerpo. Él necesita tus manos para abrazar y sostener y cargar la cruz de tus hermanos. Necesita tus ojos para conocer, para interpelar al otro, para dar una mirada de esperanza a quien lo ha perdido todo. Necesita de tus pies para caminar, para recorrer distancias en favor de la Buena Noticia y el Amor, para cansarse haciéndose descanso para el hermano. Necesita de tus labios, para hablar de la paz, de la alegría, del Amor que brota de un corazón que se deja amar primero.

¡Cristo resucita en este mundo cuando vos te atrevés a resucitar con Él! Y resucitás con Él, cuando dejás que Él te ame primero. El camino de la Resurrección es el camino del Amor, y el Amor se alcanza y se hace perfecto, cuando servís al más pequeño, cuando te hacés uno con el más necesitado, cuando te bajás de tu comodidad, para ir al encuentro del abandonado, de la prostituta, del huérfano, del drogadicto. ¡Resucitar es amar, y amar es imitar a Cristo hasta el extremo!

El camino de la santidad, de la perfección desde el Amor, que nos alcanza la resurrección, no es un camino en escalada –aunque suene contradictorio-; sino de bajada. No es un camino de grandeza, sino de progresivo empequeñecimiento. Un camino más que de conocimiento, de abandono y negación. Más que de fuerza, un camino de reconocimiento de mi propia debilidad. Es decir, se trata de seguir el camino de Cristo. Más aún, de Cristo como Camino.

Es su enseñanza, su mejor predicación, su más hermosa parábola. Cristo se baja. Siempre se baja enseñándonos el máximo grado de humildad y negación. Su bajada empieza con su divinidad, como dice san Pablo. Siendo Dios, asume nuestra débil y limitada condición humana.

Luego, en sus tres años de ministerio público, Él se sigue bajando siempre. Se baja ante los enfermos y los ama. Se baja ante los leprosos, tocándolos sin temor para hacerlos sentir personas, negándose a Sí mismo, incluso aunque esto significara el no poder volver a predicar en un templo. Cristo siempre se sale de sí mismo y entra en el corazón sediento. Se baja ante los niños, invitándonos a ser como ellos. Se baja ante sus apóstoles, al lavarles los pies, haciéndose su servidor e invitándolos a imitarlo. Se baja ante Pilato y los sacerdotes, haciéndose esclavo, criminal, lo peor de la sociedad. Se baja ante los que lo acusan, haciéndose pecado, haciéndose nada, totalmente desnudo y pobre, humillado y burlado. Se baja ante el buen ladrón, asumiendo su dolor. Se baja ante el mundo, para regalarle su perdón. Se baja siempre. Más allá de lo que nadie ha bajado. Baja hasta el lugar de los muertos, para dar esperanza incluso a aquellos que ya han muerto. Baja tres días al sepulcro. Baja, para que sea Dios Padre su esperanza, su Gloria, su Resurrección. Baja. Totalmente abandonado a la Voluntad de Dios. Baja, y bajando su Amor se hace la muestra más perfecta de donación y servicio.

A esto estamos invitados en esta Pascua. A resucitar con Cristo, bajando con Él. Bajando a nuestros hermanos más pobres y abandonados, los olvidados por la sociedad, los rechazados por el mundo. Bajando de nuestra comodidad para clavarnos a su cruz. Bajando de nuestro orgullo para pedir perdón. Bajando de nuestra prepotencia, para servir a todos.

La Resurrección de Jesús quiere decir que el Amor es más grande que tu pecado. Que el perdón es mayor que tu debilidad, que la paz más fuerte que la tormenta. Y que la Vida fue ganada con entrega y servicio, ¡nunca con egoísmo!

El camino de la Resurrección se recorre cuando se ama. Cristo se hace hombre para amar. Amar hasta el extremo. Y el extremo del Amor se alcanza cuando no queda más que dar que la propia Vida. Cristo da su Vida para darnos vida. Y da su Vida, porque ya no tiene más que darnos. Es la más grande manifestación del Amor.

Y sólo con Amor se vence al dolor. Ese Amor que nos lleva al silencio, a la escucha contemplativa de la Palabra de Dios. Ese silencio con el que se vence el ruido del mundo. Ese Amor que trae la paz, la misma Paz con la que se vence a la tormenta y guerras de este mundo. Ese Amor que nos abre al perdón. El mismo perdón con el que estamos llamados a ganar al mundo, para que todos crean, se salven y vivan.

¿Querés una Iglesia santa y resucitada? Empezá siendo vos ejemplo de Amor y santidad para tus hermanos. Sólo así podés confirmarlos en la fe. Solamente a través de nuestro testimonio, de nuestra vida. Sólo cuando Cristo vive en nosotros, ama por nosotros, habla en nosotros.

Es el Amor el camino de la Resurrección. El Amor que no tira la piedra, pero tiende la mano, el Amor que no hace bulla, sino que acompaña en silencio. El Amor que no critica, perdona. Que no pide, sino que lo entrega todo. El amor que niega su voluntad, para asumir la Voluntad de Dios en los pobres, los niños, los abandonados. El Amor que ama porque le da la gana, que ama sin motivo. Que ama sólo por amar.

Resucita quien ama. Y ama quien se deja amar primero. Ama quien acepta con humildad su necesidad de ese Jesús que se entregue por él; ama quien reconoce que necesita ser perdonado. Ama quien primero se ha hecho mendigo, pobre, prostituta, indefenso ante el mundo, sediento del Agua y Sangre de Cristo, necesitado de Aquel que es y da la Vida. Ama quien acepta el chance, la oportunidad que siempre se halla en el Corazón traspasado de Cristo, para comenzar de nuevo.

Y vos, ¿vas a dejarte amar? ¿Vas a volver tu mirada a Él? ¿Vas a hacerte Él? Con Él ¿vas a resucitar?

Acerca de chrismadriz

Cuando miro hacia atrás y veo la estela de experiencias que me ha dejado esta vida, y me veo hoy frente al espejo, con ese brillo extraño en los ojos que no viene de mí, sino del Amor que Dios me tiene... tiemblo, de saber que a pesar de mis heridas y caídas, Dios me amó primero... Soy solamente un simple secretario, un corazón que ama y siente, unas manos que se mueven según la voluntad de Dios... sin Él, no habría nada de mí...
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2 respuestas a Y vos, ¿vas a resucitar?

  1. Roger dijo:

    Hola mi amigo! Gracias por estas palabras tan bellas, todavia te sigo esperando aca en Kenia. Un fuerte abrazo y seguimos en contacto!

    • chrismadriz dijo:

      Jajajaja… claro, y yo aún deseando ver cómo hago para ir mi amigo…. Felices pascuas de resurrección!!!! Es que acá estamos intentando iniciar el proyecto (finalmente) de Laicos Misioneros Combonianos, entonces estoy metiendo mucho el hombro con esto… Ora por eso… Aún no es mi tiempo, quizás… Dios me pide mucho acá… A ser santos. Ahí te dejo el blog pa que lo compartás y veás los otros escritos, bendiciones

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