Perdón a todas las mujeres

Perdón. Perdón a todas esas mujeres que han sufrido nuestro machismo. Perdón porque muchas, muchísimas veces hemos olvidado que tenemos ante sí a un ser humano formidable y único. Perdón porque las hicimos sentir como objetos o juguetes de nuestro placer. Porque tantas veces no supimos manifestar esa admiración y respeto hacia ustedes, sólo por querer demostrar a nuestros amigos lo “machos” que éramos.

Perdón, pido perdón por nuestro comportamiento a veces animal e instintivo. Porque traicionamos el Amor que buscaban y que ustedes libre y tiernamente nos dieron. Perdón porque les exigimos sexo sin pensar en que ese corazón humano y frágil lo único que buscaba era atención, valor, amistad, amor. Perdón porque hemos lastimado tanto, hemos abierto heridas que ahora somos incapaces de cerrar. Perdón por no comprender que ustedes sentían, valían, amaban y soñaban. Perdón por cortar esos sueños cuando sólo las buscamos para un rato, para saciar nuestra lujuria y vacío.

Perdón, de corazón, perdón por no ser los caballeros que esperaban de nosotros. Perdón por no ser ese hombre que Jesús quería que fuéramos. Perdón por olvidar que hoy este mundo necesita más hombres de verdad y no tanto “machos” toscos y groseros. Perdón por aprovecharnos de su sensibilidad en lugar de aprender de ella. Perdón por usar sus sentimientos a nuestro favor. Porque tantas veces no hemos sabido esperarlas, amarlas, respetarlas, cuidarlas como se lo merecen.

Perdón por nuestro orgullo que no nos deja ver más allá ni darnos como Cristo se dio a su Iglesia. Perdón por creer que “soy más hombre cuánto más he tenido relaciones genitales con más mujeres”, en lugar de comprender que hombre es aquel que sabe esperar a la mujer de su vida hasta el matrimonio, y tiene la capacidad de respetar a las demás mujeres con las que comparte alguna etapa de su vida.

Perdón por hacerlas responsables de nuestra debilidad y torpeza, y no tener la humildad de dejarnos enseñar por ustedes, toda la grandeza humana que tienen para ofrecernos. Perdón, de verdad, perdón, por hacerles creer que son un cuerpo, y que sólo nos importa ver sus curvas, sus formas… Perdón por no ver más allá de esa piel suave, un corazón precioso que palpita y ama.

Perdón, con un nudo en la garganta, por tanto daño que les hemos hecho, cuando no escuchamos ese “no quiero”, y las obligamos a tener relaciones sexuales contra su voluntad, a la fuerza. Por no admirar el regalo precioso que no querían darle a cualquiera, y les exigimos. Perdón por la frialdad al abandonarlas, cuando nos aburrimos de ustedes, y les dimos la espalda. Qué poco hombres hemos sido, qué poco las hemos amado como Cristo nos pedía.

Perdón por gritarles cosas que no las hacen sentir mejor, sino sólo como cosas andantes. Por no tener el tacto para decirles un piropo que las dignifique y las haga sentir de verdad admiradas y amadas, no por su exterior sino por la totalidad de su ser. Perdón por tratarlas con brusquedad, por burlarnos de su amor fiel y sincero, por hacerlas sentir feas, usadas, denigradas. Perdón.

Perdón por aprovechar nuestra fuerza física para someterlas a nuestra egoísta voluntad, por pedirles cosas que no desean hacer, por meterles miedo de que sin contacto físico, no habrá noviazgo o relación alguna. Perdón por no amarlas por lo que son. Por no amar su esencia de mujer, y por ser tan ciegos como para no descubrir la grandeza de su ser en los pequeños detalles. Perdón por romper tantas veces su corazón.

Perdón por dejar secar esas lágrimas, sin nunca consolar su dolor. Perdón por no ofrecerles nuestro hombro y abrazo con sinceridad. Perdón por hacerlas sentir culpables de nuestra superficialidad, por hacerlas sentir asco de algo tan hermoso que Dios inventó, sólo porque no supimos esperar y tratarlas como las princesas que son.

Perdón por no escuchar, por no esperar. Por abusar de ustedes creyendo que también disfrutaban nuestra insensibilidad. Perdón por no ser para ustedes un amigo sincero, un novio fiel y respetuoso, un hermano de batalla. Perdón por entrar a la fuerza en sus vidas y en sus cuerpos, por no hacerlas sentir amadas y admiradas.

Perdón por dañar el amor y la alegría en ustedes, cada vez que pasamos por encima de su dignidad. Perdón por nuestro amor tan pobre. Por exigirles vestirse o pintarse de una u otra forma, para exhibirlas como trofeos ante los demás. Por no admirar ni valorar en ustedes, su sencillez, su feminidad, su ternura, su entrega incondicional, su confianza.

Perdón, y gracias. Gracias, porque a pesar de cómo hemos sido y las hemos tratado, siguen siendo capaces de amar con una fuerza que te desbarata. Porque gracias a muchas de ustedes hoy nos hemos acercado a Dios, porque Dios que tanto las ama y admira, se ha aprovechado de ese bondadoso corazón para manifestarnos a nosotros Su Amor, más allá de nuestras faltas y pecados.

Hombres, hombres de verdad necesita hoy este mundo… Hombres que amen como Cristo ama, que deseen parecerse a ese Jesús dispuesto a dar la vida por quien ama. Hombres que amen a la mujer más que simplemente desearla. Hombres que tomen fuerte la mano de su amada, para juntos caminar el Camino de Santidad que Dios les propone. Hombres que no teman ver a los ojos a la mujer, porque en sus corazones también hay un Amor sincero y real hacia ellas. Hombres que pidan perdón por su pasado, para construir un nuevo presente fundado en el Amor de Dios.

Hombres que hagan sentir a las mujeres, mujeres. Porque ellos se saben hombres de verdad, hombres como Cristo. Hombres pacientes, que saben esperar en lugar de exigir, que saben escuchar en lugar de gritar, que saben respetar en lugar de violentar. Hombres que saben desear con Amor, más que con lujuria. Hombres que aman.

Por eso, en nombre de todos esos hombres que se han dado el chance de amar como Cristo, o al menos, de querer aprender a amar como Él; en nombre de esos hombres que se han equivocado, pero, más aún, han tenido el valor y humildad de reorientar su vida según el plan de Dios, hombres que han caído, pero se han levantado para clavarse a la cruz de Cristo, por Amor a la Iglesia y nuestras hermanas mujeres. En nombre de los hombres que desean imitar a Cristo, pido perdón a todas las mujeres. Y sobre todo, oración, para que más hombres podamos amarlas como personas hermosas, obras preciosas de Dios, y regalo en nuestras vidas. Y podamos reconocernos a nosotros también como don y regalo para sus vidas.

Dios las bendiga siempre. Benditas sean.

Es hora ya de que hombres y mujeres, más que nunca, le demos el valor a la persona por su ser persona, a imagen y semejanza de Dios. Es hora de que más hombres seamos hombres de verdad. Y de que juntos, unos al lado de otros, caminemos con el deseo de ser santos. Sólo a través del Amor, se podrá alcanzar esta meta. Sólo en ese Amor que todo lo espera…

El mejor regalo que podemos dar a la mujer, como hombres, es justo eso: nuestro Amor paciente, sincero, respetuoso y alegre, que sólo se obtiene de amar con la libertad que Dios da en el Amor verdadero.

Gracias a Dios por ustedes, mujeres! Gracias por su fuerza al amar! Con humildad, perdón. Oren por nosotros.

Acerca de chrismadriz

Cuando miro hacia atrás y veo la estela de experiencias que me ha dejado esta vida, y me veo hoy frente al espejo, con ese brillo extraño en los ojos que no viene de mí, sino del Amor que Dios me tiene... tiemblo, de saber que a pesar de mis heridas y caídas, Dios me amó primero... Soy solamente un simple secretario, un corazón que ama y siente, unas manos que se mueven según la voluntad de Dios... sin Él, no habría nada de mí...
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2 respuestas a Perdón a todas las mujeres

  1. Fabi C dijo:

    Cris de verdad llore leyendo esta entrada del blog! Es lo que el corazon de muchas mujeres necesita recibir para empezar a sanar esas heridas… gracias.

  2. Yeka Jarquín dijo:

    Recontra like!!! jajajajajajaja

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